
Ya lo dice su propio título original: "Soy despreciable". Y
efectivamente, la que en versión castellana conocemos como 'Gru 2: Mi
villano favorito' es de ese tipo de cine animación "despreciable" que
prácticamente no aporta nada que no sean los Minions, simpáticos
muñequitos a regalar con el Happy Meal que se convierten, a la vez, en
lo mejor y en lo peor de la función: lo mejor, porque aún a pesar de su
peligrosa sobre-explotación eminentemente "infantil" mantienen su
simpatía natural; y lo peor, porque la película depende tanto de su
presencia que apenas si hay nada que contenga el vómito que no sean
ellos. Es como cuando en un equipo de fútbol hay uno tan bueno, tan
bueno, tan bueno, que la táctica es pasársela a él y quedarse mirando a
ver qué es lo que hace... hasta que viene el Bayern y te mete siete.
Cuando
le pones una película a un niño de corta edad procuras, en mayor o en
menor medida, que sea una buena película. Y al decir buena no sólo me
refiero a que contenga un buen mensaje, sino que además sea una buena
producción a ser posible para todos los públicos. Repito, para todos los
públicos. Y es que si en no pocas ocasiones tienes que quedarte a
verlas con él, que menos de además de su compañía disfrutar también de
la película... incluso aunque la hayas visto trescientas mil veces.
'Gru: Mi villano favorito' nunca se la he puesto a mis sobrinos. Es más,
nunca he reparado en ella como para volver a verla, dejando que se
mantenga archivada en mi cabeza como la producción simpática que apunte
en su día. Siquiera ahora con el estreno de una segunda parte me he
visto tentado por volver a verla como, por contra y con mucho gusto, sí
me tentó el volver a ver (una vez más) 'Monstruos SA' para con el
estreno de 'Monstruos University'.
No es por comparar (o sí), pero resulta incluso denigrante para el ser
humano cuando alguien crítica una producción de Pixar empleando el mismo
argumento por el que, comúnmente, se alaba a una producción tan escasa
de méritos como 'Gru 2'. Incluso concretando una comparación directa
entre 'Cars 2' con 'Gru 2' salta a la vista una diferencia abismal entre
ambas, especialmente en los detalles, y la cual básicamente puede ser
resumida en una palabra de cinco letras y un acento que hasta un Minion
sería capaz de pronunciar: guión. Y es que 'Gru 2' es de ese tipo de
producto completamente plano cultivado por, parece ser, compañías como
Illumination Entertainment que, al igual que ya lo era la desastrosa 'El
Lorax', no tienen más intenciones que echar mano de la cartera de los
papas a través de sus hijos, una función que podría ser descrita como
cine perezoso usado como papel higiénico. O el cine de animación como
puro relleno (y carne de cañón).
Dejando al lado una factura técnica que, no obstante, ya damos por
sentado debería de tener cualquier producción animada de gran
presupuesto -y en eso todas suelen cumplir, 'Gru 2' incluida- esta
secuela es un cúmulo de apuntes y teóricos chistes armados a través de
una línea argumental en bruto sin desarrollar, arquetípica en su devenir
y funcional en su ejecución, en donde incluso el personaje protagonista
de Gru carece de la chispa y gracia que sí tenía en la primera, y al
que además el sorprendentemente descafeinado doblaje de Florentino
Fernández (a Patricia Conde mejor dejarla de lado) le hecha la mano
principalmente al cuello. Pero, ¿y quién necesita un buen guión si
tienes miles de Minions con los que tapar los huecos? Como si fuera el
tan temido y anunciado spin off, este producto impuesto vive
prácticamente de estos simpáticos personajes que actúan de igual manera
que Ken Jeong en 'R3sacón', casi como un agujero negro que amenaza con
absorber todo a su alrededor.
Aunque no alcance el pobrísimo nivel de 'El Lorax', esta secuela deviene
igualmente en una producción del montón, tan anodina como anestesiante
una vez te das cuenta de que no es más que una artimaña que, sin matices
ni detalles, y apoyada en una elaborada campaña de marketing, no tiene
mayor pretensión que conquistar la taquilla. Pese a quien pese. Y siendo
justos, posiblemente, los niños tan pequeños como para carecer aún de
consciencia y/o de un largo bagaje de visionados puedan disfrutar ante
su despliegue de luces, sonido y colores. Es posible, no tengo a mano a
un niño al que arrancarle los ojos para poder mirar a través de ellos,
si bien si que tengo los de un adulto que a los que sólo la irrupción en
pantalla de los Minions salvaban de caer dormido, a los que la gracia
no obstante apunta hacia el mismo lugar que la de Scrat una vez se
empiez a abusar tanto del chiste. No es solo con Pixar: 'Los Croods', en
comparación, también mantenían más que distraídos al público adulto...